23 de noviembre de 2008

Mercantilismo

Lucía llegó a los escombros del teatro. Afortunadamente parecía que esta vez las cosas habían sido organizadas adecuadamente. Miro a su alrededor y no había nadie a quien atender. Había mucha gente abucheando a un hombre, que a juzgar por la situación y lo que vagamente recordaba de los periódicos, era el banquero que había organizado la demolición.

Habría que ver como quedaba el nuevo edificio. Seguramente en un par de años todo el mundo se habría olvidado del Ruíz de Madariaga, porque así funcionaba el país. Echó una ojeada. Vio a algunos de sus clientes actuales, carcomidos por las dudas. A algunos de los antiguos, que seguramente estarían rememorando aquella vez que fueron al teatro con su expareja. Y quizá estuviera viendo a algunos de los nuevos. –Si todas estas personas viniesen... ¿cuanto nos daría? Tienen suficiente dinero como para decidir gastárselo en mantenernos...– Había veces que no podía evitar verlo todo de manera mercantil. En cierto modo hasta las relaciones humanas eran un intercambio de mercancías: yo me dejo usar si tu te dejas usar.

Comenzó a andar y se cruzó con un cliente de Hera que desvió la mirada para evitar verla. Ella lo entendió como un saludo. Luego vio a otro –¡Anda!.. pero ¿ese no es... el marido de la señora que vino esta mañana a Hera?– ¡Que fantástico! Había gente que se lo ponía sencillísimo. Gente tan imprudente como para ir a darse ligeramente el lote a un derrumbamiento de un teatro en el que cualquiera podía verles. Decían de si mismos que les gustaba el riesgo... Sacó la cámara de fotos e hizo un par de ellas absolutamente incontestables. De acuerdo, una familia más destrozada. En cualquier caso se podía vivir con una familia destrozada. Se podía salir adelante, convertirse en una persona de provecho. Lo de ser feliz era una cuestión algo distinta pero había llegado a ser feliz en algunos momentos de su vida.

Una vez hubo salido de la zona céntrica fue a parar a una calle en donde había un chico joven desmayado en el suelo... Le sonaba vaguísimamente, se acercó a él, y le dio un par de golpecitos en la cara para ver si reaccionaba. Absolutamente nada.

–¿De qué me suenas? ¿Eres un antiguo cliente, o quién?

Ante esa situación, comprobó que tenía pulso y respiraba. Tenía las manos destrozadas y sangre reseca por la cara. Decidió llamar a una ambulancia y sentarse a esperar en el banco más cercano. Éste estaba en la calle perpendicular, aunque haciendo algo de esfuerzo y girándose lo suficiente podía ver lo que ocurría. Tras un par de minutos, llegó un coche. Lucía se asomó. Era negro, con las lunas tintadas, y no le inspiraba precisamente confianza.

Por ello se levanto y se escondió. Estaba en un lugar donde podía ver lo que ocurría, pero en el que no la verían a ella. Vio como un tipo con cara de bastantes pocos amigos cogía al chico y lo metía en el coche.

¿Qué estaba pasando?

Se fijó en la matrícula del coche: 1222GGS

Era mejor marcharse de allí antes de que la ambulancia llegase. Volvió a llamar y dijo que ya no era necesario, que el chico ya se encontraba bien. –Mierda– no podía seguirles ya que había ido andando. Estaba francamente intrigada por la situación, y le hubiera gustado espiar. En realidad buena pinta no tenía la historia, pero la curiosidad tenía la sana costumbre de matar al gato.

Quizá hubiese alguna manera de volver a localizar ese coche. De momento miraría en la base de datos tanto de "Hera" como de "Infieles para siempre". Quien sabe si no podría haber suerte. Y además ese chico... ese chico era alguien... ¿pero quién?

Al día siguiente, cuando se juntó con Blanca para tomar café, la encontró algo más agilipollada de lo normal.
–Bueno, veo que no te fue mal ayer en tu salida no?
–La verdad es que era un chico interesante... es bastante probable que vuelva a verle.
–Supongo que ya ayer le demostraste amor verdadero no?
–Tal y cómo tu lo entiendes sí.
–Y cómo hay que entender el sexo si no es eso? "Yo te uso, tu me usas, y después ambos nos preocupamos de que la otra persona esté contenta con el intercambio" Si eso no es la mayor expresión del amor...
–Ya sabes que pienso diferente a ti, pero de acuerdo, en ese sentido si que lo fue. ¿Y Tú? ¿Qué hiciste?

Lucía dudó. De alguna manera sabía que no era buena idea entrometer a Blanca en ese extraño suceso, pero quería pedirle ayuda para que mirase en la base de datos de Hera. Y tomó la opción más fácil que suele ser mentir:

–Ah, bien. Nada fui a ver el derrumbamiento, la gente ahí encolerizada, todos superflipados, abucheando al tipo, y nada, vi a clientes, a uno de los "buscados" dándose el lote, y a una mujer que se subía en un coche de matrícula 1222GGS. ¿Podrías comprobar si sabemos algo de ese coche? Luego fui a casa y puse al día mis emails... últimamente hay bastantes acciones del grupo. Creo que algunos miembros están pensando en quemar una tienda o algo así. No sé, yo no voy a participar.
–Deberías salirte, hay otras maneras más pacíficas de lucha.
–Que no valen de absolutamente nada. Lo nuestro al menos hace que haya alguien que se vaya a la ruina. Y eso que no estoy totalmente de acuerdo. Yo no participo en las acciones, como mucho doy ideas...
–Tú verás. Oye, vámonos que llevamos media hora ya aquí.
–Luego nos vemos y me cuentas que encontraste, ¿vale?
–¡De acuerdo!

1 comentarios:

Fondon dijo...

Mmm... ecoterrorismo....

PD: Acabo de hacer que la CIA vigile nuestro blog :P