26 de noviembre de 2008

Finales felices

Marcos, que después de vivir una de las tardes más agitadas de su vida, y probablemente la noche más angustiosa que recordaba, sólo era capaz de balbucear algunas palabras inconexas, se sentó en el sillón de su despacho en la sede del Banco del Norte.
Tras él, al otro lado de la cristalera, la bulliciosa ciudad seguía su ritmo incansable de generación y corrupción, sobre todo de esto último.
Los policías investigaban lo que no tenían que investigar, las putas se enamoraban, los drogadictos paseaban entre la muchedumbre ocultos tras carísimos trajes de ejecutivo... El mundo daba asco.
No era la primera vez que Marcos reflexionaba sobre la decadencia de la sociedad. Recordaba las charlas que su padre, muerto ya, solía dirigirle en la pequeña casita de verano de la montaña. "Hijo mío, cuando se pierden los valores, se pierde la brújula que señala nuestro camino. Puedes ir hacia el norte, hacia el sur, hacia el este o al oeste, pero siempre sabrás dónde se encuentran cada uno de ellos. Cuando alguien pierde sus principios, se vé a la deriva, pero no porque no sepa dónde ir, sino porque no sabe reconocer el camino". Lo recordaba como si fuera su nombre: el fin nunca justifica los medios; los medios son lo único que importa; el fin solo es la recompensa por haber sabido elegir.
Su vida había sido una contradicción entre sus valores morales y su incansable persistencia en obtener el mayor beneficio de sus actos. La avaricia frente a la virtud, la codicia frente a la moderación, la lujuria frente a... Frente a nada. Había caído al fin en el único pecado del que no podía controlar las consecuencias. Y lo había hecho con el mayor dolor posible: traicionando a un amigo, a un mentor, a un hombre que, pese a su ausencia total de escrúpulos en la vida profesional, tenía una intachable biografía en lo que respecta a sus amigos y su familia.
El rostro de su padre se confundía con el de Claudio. Los ojos oscuros y penetrantes de aquel, con la intensidad del azul de éste. La barbilla prominente del primero con la cuidada barba que en ocasiones exhibía el segundo. La sonrisa y la calma que inspiraba el rostro de Marcos padre, con la ira y la crueldad de los enfados del monstruo Claudio.
Ya no podía diferenciar a quién le debía más lealtad, porque había traicionado la de ambos. Había deshonrado a su padre al seguir una vida de negocios que anteponía los resultados a las actitudes frente al mundo, y se había apropiado de lo más sagrado de su mejor amigo: su esposa.
Mientras el humo de un abandonado cigarrillo se alzaba en el aire quieto del despacho, el cortaplumas temblaba en la mano indecisa de Marcos. El tacto de la finísima hoja de plata en la muñeca desnuda del que fue siempre la sombra del gran hombre apenas trascendió en un mundo que nada le había dado más que dolor, y del que nada había esperado más que la muerte. La presión arrugó la piel. La el filo pudo con la tensión y la hoja atravesó la muñeca. La sangre apareció. y la paz sobrevino en los hundidos hombros de Marcos.
Frente a él, en la mesa, una foto de su esposa. Cerca, otra foto: Claudio, Adeline y él, en la inauguración de la gran sede. Los recuerdos emborronados no pudieron acudir con coherencia a la aletargada mente de Marcos. No podía ver la vida como una película, porque estaba demasiado acostumbrado a los finales felices.

4 comentarios:

J. Sanz dijo...

Seguramente nadie se lo esperaba, pero por otra parte es un suceso que me abre un sinfín de posibilidades. Lo siento por si alguien pretendía usar al personaje, pero visto que nadie se animaba con él, he hecho lo que antes o después tenía que hacer.

Ahypnos dijo...

Joder, me he quedado sin cliente...
(lo siento, la mentalidad mercantilista de lucía se ha apoderado de mí). :)

Fondon dijo...

Pero por Dios... ¿Cuánta gente ha muerto ya? Chicos, chicos... tenemos que moderarnos, que a este paso nos quedamos sin ciudadanos.

J. Sanz dijo...

Ahypnos, perdón por matarte un cliente potencial, pero tranquila, el negocio sigue vigente.

Fondon, que se le va a hacer, me mola matar personajes...