5 de noviembre de 2008

Chimenea encendida

-Señores pasajeros, abróchense los cinturones... vamos a aterrizar- dijo la voz de la azafata.

Ariadna obedeció como una corderilla. Estos eran los últimos minutos que tendría para relajarse hasta dentro de por lo menos cinco o seis horas. El avión aterrizó y los pasajeros salieron. Procuró salir del aeropuerto lo más rápido y calmadamente posible. Tuvo que hacer muchos esfuerzos para tranquilizarse, ya que nunca le habían gustado y últimamente le gustaban aún menos los aeropuertos. Era algo con lo que podía vivir, con lo que podía viajar, pero las crisis de ansiedad no se las quitaba nadie. En los aeropuertos pequeños no tenía ese problema, pero aquel era suficientemente grande como para que a sus ojos comenzara a aparecer como un laberinto enorme, en el que ella estaba completamente perdida, y no podía encontrar información de por donde ir. Siempre tenía que llegar a algún sitio y nunca podía, como si estuviera atrapada en una tela de araña. Ya era irónico. La "señora del laberinto" presa en uno. Y maldita sea, siempre se le olvidaba el ovillo.

Tras tres cuartos de hora de merodear angustiada, Ariadna consiguió salir. Pidió un taxi que, siendo conducido por un loco, como suele pasar en los taxis de las ciudades extrañas, llevó a Ariadna a la estación de autobuses. Tras entenderse como pudieron respecto al precio, Ariadna se las arreglo como pudo para comprar un billete de autobús. La sensación de agobio en las estaciones de autobuses era siempre mucho menor. Los autobuses estaban diseñados a una escala más humana, aunque también tenía miedo de perderlos. Bajó en la estación que era menester y se encaminó por el aquel pueblo hacia el bosque. La mochila no pesaba mucho, así que no era demasiada carga, aunque no era plan de hacer treinta kilómetros así. Entre otras cosas porque ya se le habían hecho las cuatro de la tarde, y aún no había comido. Se hizo con un bocadillo y se echó a andar por un frondoso bosque, como los de los cuentos. Las hojas comenzaban a amarillear, y seguro que aquel lugar a mediados o finales de Octubre era un espectáculo maravilloso. La señora Mallarmé no había diseñado un mal plan de vida. Aunque todo el mundo debe sacrificarse para llegar a una posición como la suya.

Cuatro horas más tarde atisbaba la casa de Simone Mallarmé. Al estar anocheciendo, y estar la chimenea encendida, resultaba especialmente acogedora. Era preciosa, toda de madera, decorada con un gusto exquisito, incluso por fuera. En resumen, era una promesa perfecta de descanso para Ariadna después de su ajetreado día. Podría relajarse y compartir historias con la señora de la casa.

Llamó a la puerta y ésta se abrió. Simone apareció invitándola a pasar. La condujo a una habitación y le dijo: Puedes asearte, hija mía. Después baja y cenaremos y luego hablaremos un buen rato.
-Muchísimas gracias por su hospitalidad.

Y así lo hizo. Se metió en el baño caliente que había preparado, perfumado y espumoso, y se relajó, pensando que allí estaba segura, y dejándose llevar por esa sensación. Se sintió bien. Arropada. Como en el vientre materno. Necesitaba esa sensación después de un día duro y estresante como aquel. No le importaba si de veras aquella señora era como esa madre cariñosa que parecía... pero de vez en cuando convenía darle una tregua a la realidad y simplemente sentirse bien en el calor de las sabanas, del fuego, o de un buen baño a la luz de las velas.

Una vez Ariadna se hubo renovado volvió a ser la Ariadna que había secuestrado a Claudio Vega. Se vistió y bajó a cenar. Después hablaron al calor del fuego...

–¿Sigues haciendo trucos de magia?
–Bueno, de vez en cuando me convence alguien para que actúe, pero no es lo común, no como en otra época.
–Una pena, hija mía, porque eras muy buena. –Ariadna sonrió al cumplido.
–Supongo que lo sigo siendo -dijo mientras extendía su mano con un pendiente que no estaba en su sitio.
–Desde luego que sí. Supongo que gracias a eso has conseguido trincar a ese perro ehh..
–Me fue de mucha ayuda sí. En cualquier caso ahora mismo preferiría dejar ese tema para mañana por la mañana. Hablemos de algo más lúdico ahora, y menos de negocios. –Tras pensar un momento añadió– bueno, sólo una pregunta: ¿cómo se las va arreglar para que no encuentren el dinero? Supongo que una transferencia de 25 millones de euros no pasa desapercibida... y quizás el señor Vega encuentre la manera de localizarla. Y bueno, quizá haya que declarar impuestos.
–Ay, querida, en teoría sí, habría que declarar impuestos, pero ya sabes como funciona el mundo. En la práctica la gente no se preocupa demasiado por cantidades pequeñas como son 25 millones. No a la escala de dinero a la que nos movemos. ¿Qué tipo de trasferencias crees que hacemos las personas con fortunas como las nuestras? Además, al señor Vega no le interesa demasiado que demasiada gente meta mucho las narices en las transferencias que él mismo hace desde su cuenta de dinero no declarado en Suiza. Y desde luego nosotras no vamos a ser quienes lo denunciemos.
–Los ricos tienen más poder que los pobres en este mundo en el que vivimos
–Así es. Respecto a lo de rastrear el dinero, quizá pueda rastrearlo en el momento en que estuvo en bancos legales. Pero ese tipo de medidas, evidentemente, no afecta a los paraísos fiscales. Seguramente nuestro amigo no pensara que el dinero iba acabar en otro paraíso. Pero sabe perfectamente que cuando se traspasa la frontera del paraíso, el rastro del dinero desaparece, como las lágrimas en la lluvia. Quienes formamos el cotarro de estos bancos no vamos a dejarnos pillar en función de nuestras propias leyes ¿no?
–De acuerdo, me tranquiliza saber eso.
Miró el fuego y se dejó hechizar por la magia de las chispas danzantes y sibilinas que partían hacia el cielo.

–Y volviendo a lo de la magia, ¿desde cuando llevas sin actuar?
–Cerca de siete años. Tuve problemas con mi agente y decidí dejarlo, ya que llevaba demasiados años en esa vida y estaba empezando a perderme a vida real. Siempre entre bastidores, pensando en nuevos trucos, en como mejorar los que ya tenía, sin pensar en mi misma, y en cómo es mi vida y cómo quiero que sea.
–Suerte tuviste. Mucha gente no es capaz de darse cuenta de que su vida está convirtiéndose en una farsa (o en algo distinto de lo que ellos quieren para sí) y parar a tiempo. Por eso precisamente me gusta la magia y los magos, porque tratan de hacer que lo falso parezca real, y te mantienen alerta para saber diferenciar. Para una mujer de mi posición es importante saber leer en las intenciones de los demás, en sus gestos, qué es lo que quieren. Sino puedes estar perdido. El que toma la iniciativa siempre está un paso por delante. Por cierto, ¿qué hay de aquel chico por el que nos conocimos?
–Sabía desde el principio que no era para mí, pero traté de cerrar los ojos. Ya sabe, el tenía aspiraciones en la vida, yo quería la vida de la farándula. Cuando acabó la carrera decidió marcharse a Estados Unidos para continuar su formación. Por lo que sé, ahora debe de estar convirtiéndose en alguien importante. Yo habría entrado en sus planes si hubiera estado dispuesta a seguirle hasta el fin del mundo, pero el ambiente en el que él se movía no era el mejor para que uno se encontrara a sí mismo. Al menos no al principio. Quizá cuando uno lleva más tiempo, se puede permitir vacaciones y lujos pero no con vientitantos. Yo había comenzado a labrarme mi pequeño espacio en el ambiente nocturno de la capital, y no quería abandonar esos logros en este mundo tan complejo.
–Comprendo... en cualquier caso espero que seas feliz.
–Trato de divertirme, por lo menos.

Hablaron un largo rato, hasta que la leña se hubo consumido, y después fueron a dormir. Al día siguiente tendrían que ponerse de acuerdo en ciertos detalles relativos a sus negocios.

3 comentarios:

Fondon dijo...

Menos mal que alguien se decide a escribir...
Por cierto, dos detallitos. En el último diálogo, has puesto dos entradas seguidas de la sra Mallarmé, y despista, porque parece que es Ariadna quien está preguntando por el chico.

Y, ejem, bueno, ¿30 kilómetros en 4 horas? Wow.

Fondon dijo...

Y por cierto, desgraciaos, a ver si corregimos las etiquetas y le ponemos la fecha, que llevamos 15 días con la tontería

Ahypnos dijo...

Noo no... dice que no es para hacer 30 kmetros... está más cerca peor no especifica donde...