Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abrióse la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba (...) y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y salióse. (...) Estando, pues, sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; e inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. (...) Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a Palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquélla de las cuales llevase una puesta el justo y otro el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. (...) Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo así», dirá el defensor de la teoría que expongo. Es más: si hubiese quien, estando dotado de semejante talismán, se negara a cometer jamás injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendrían, observando su conducta, por el ser más miserable y estúpido del mundo; aunque no por ello dejarían de ensalzarle en sus conversaciones, ocultándose así mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia. (La república, Platón)
¿Podrá ayudarme este chico? Siempre estaba bien tener apoyos en los sitios adecuados, y los sitios adecuados podían ser muchos. -Pensó Ariadna cuando se sentó en la mesa
-Que, ¿un día duro?
-Mierda de día
-¿Qué te ocurrió?
-El hijo de puta de mi jefe me echó sin más explicaciones. Le hubiera partido la cara sin más dilación.
-Ya he oído al entrar. Uf, eso es una situación dura. ¿A qué te dedicas?
-Soy informático
-Um, eso es interesante. Apuesto a que te echaron injustamente. Y a que eres bueno en tu trabajo.
-No lo sé, pero desde luego no debería haberme echado ese hijo de puta. Me dan ganas de ir a quemar su casa.
-Quizá pueda querer contactar contigo para algún trabajo. Bien pagado claro.
-Qué tipo de trabajo?
-Uno muy bien pagado. Podría ser considerado como ligeramente ilegal por alguien con una concepción de la propiedad demasiado poco laxa. Pero ya sabes que eso en realidad es cuestión de gustos, preferencias y jerarquía de valores.
-Y tú a qué te dedicas?
-Procuro disfrutar de la vida.
-Suena interesante. El puto sistema te aliena, te mete en 8 metros cuadrados un tercio de tu vida, o la mitad, y encima luego un día decide que eres prescindible y te da por culo... creo que quizá a partir de ahora yo también me dedique a algo así.
-Disculpa que me vaya tan deprisa, pero me espera una larga noche por delante. Me das el telefono entonces?
-Si, toma
-Estupendo. Es posible que te llame. Espero que pronto hayas encontrado trabajo y reestablecido tu vida. Si te gusta este bar puede que nos veamos por aquí de nuevo. Las croquetas de bacalao son exquisitas.
-Nos vemos
-Hasta luego, suerte -Dijo Ariadna mientras sacaba su pequeña aspiradora y aspiraba por los asientos del bar.
Después repitió la operación en varios locales más introduciéndose en las pistas de baile donde la operación era más sencilla y se podían arrancar pelos sin demasiado problema... A esas alturas ya tenía ADN suficiente como para confundir, en caso de que se dejara algún cacho de pelo, o algún cacho de piel que le pudieran jugar alguna mala pasada.
Tarde, tras recorrer casi diez locales se marchó a dormir.
A la mañana siguiente se levantó pronto, y se puso la dentadura postiza que cambiaba completamente el aspecto de su cara, así como suplementos los pómulos y la nariz de un material adecuado, se puso lentillas, se pintó los labios y los ojos, dándose una máscara de maquillaje que tapase adecuadamente los postizos. Después se colocó la peluca de pelo natural y finalmente se miro al espejo y pensó: Hola, Julieta...
Días antes, cuando trazó todo el plan relativo a Claudio Vega, además de acordar las cosas convenientemente con la señora Mallarmé, había acordado una cita en un piso de alquiler. Le había resultado gracioso que hubiese uno en la calle Paraíso, así que concertó ese para las 9 de la mañana. Si no le gustaba había concertado otra cita con otros propietarios. Salió pitando hacia la casa y llegó un poco más tarde que la propietaria. Era una señora de unos 50 años muy amable a la que no resultó nada difícil birlar las llaves al salir. El piso era una cosa normal. Le serviría. Subió de nuevo confiando en que nadie la molestase en sus operaciones más complicadas. Y así fue. El hecho de que los porteros humanos fueran una cosa completamente demodé ayudaba. Y la división actual del trabajo en la que las mujeres también trabajaban era un punto a su favor. En la mayoría de las casas, por la mañana no solía haber nadie. Desatornilló la cerradura, midió el canuto, y bajó a la ferretería más cercana para comprar uno. Una vez lo tuvo en su poder lo cambió sin más problema. En su mochila traía su ordenador y otro más, así como el material comprado en la ferretería y el de la farmacia. Cuando ya tenía la llave en sus manos y había cambiado el canutillo de la cerradura llamó desde el teléfono de la casa a Claudio. La casa llevaba muy poco tiempo sin alquilar y la línea seguía funcionando. Una vez hubo quedado con él bajó a dejar la llave de la dueña en mitad de la calle, por donde ésta se había marchado y a tres o cuatro manzanas. Alguien la encontraría y la llevaría a objetos perdidos.
Tras haber limpiado todo el ADN que pudo y haberse protegido para no dejar más, mientras Claudio dormía la primera vez, cogió el ADN que llevaba en el bolso y había extraído de su pequeña aspiradora y lo desparramó por las zonas del piso por las que había estado. Eso le daría algo de tiempo, ya que tendrían un montón de muestras de ADN de las que no tendrían ficha policial. El retrato robot que Claudio pudiera reconstruir no le preocupaba. Ariadna era Ariadna y Julieta, Julieta. Además, no parecía que Claudio se hubiese dado cuenta de que su cara era falsa. Nadie podría decirlo. El ser mujer daba ventaja en esos campos, ya que el maquillaje era algo normal.
22 de octubre de 2008
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4 comentarios:
Pooooor cierto: la conversación esa se supone que es del personaje de David.
Si hay algún problema en el diálogo comunícamelo y lo modifico. Siento precipitarme. Suerte pa tu examn y esas cosas...
Desde luego, la poli lo tiene jodido...
1.- ¿Porqué no lleva etiquetas?
2.- Craso error, amiga mía. Si has visto CSI sabrás que en un piso nunca se buscan muestras de ADN al azar. Es más, sólo se buscan y procesan muestras de ADN en casos bastante concreto y cuando se tiene la certeza de que se puede encontrar el suficiente. En cualquier caso, no está mal la precaución, pero... usaste guantes tooodo el tiempo? Confiaré en que sí...
muhahahhaha
Menciono guantes de nosequé material semitransparentes sexies en algún momento? jej
No he visto tanto CSi. Tampoco creo que sea una fuente fiable. Era por si acaso habían visto Gattaca como yo y buscaban restos de piel o algo así, o pelos o lo que sea.
De todas formas algún error habrá cometido...
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